Se
entiende por hiperactividad la dificultad en el niño o la niña para
mantener una conducta relativamente estable en un espacio físico o
situación estructurada. Al igual que el
déficit atencional, generalmente
es en la escuela donde se hace patente esta dificultad, pasando muchas
veces desapercibida en el grupo familiar, siendo los profesores los
primeros en establecer la necesidad de control conductual.
La
hiperactividad pese a tener características distinguibles clínicamente
es una dificultad que se diagnostica en función del Déficit Atencional, de modo que clínicamente se habla de Déficit Atencional con
o sin Hiperactividad.
En el
déficit atencional con hiperactividad, se distinguen los siguientes
aspectos:
-
Descontrol de los impulsos (toman objetos ajenos sin permiso, entran a
lugares sin aviso o permiso, se mueven sin control en sus
puestos, interrumpen conversaciones, no esperan turnos o la entrega de instrucciones, etc.).
-
Vinculado a lo anterior también suelen presentar conducta agresiva
(reaccionan violentamente frente a bromas o comentarios que no les
agradan o son irritables si se les intenta controlar o se les prohíbe algo).
- Baja
tolerancia a la frustración (no toleran las dificultades cuando deben
resolver algún ejercicio o situación o se frustran si no se les permite
algo).
-
Rendimiento escolar bajo o no destacado, aunque la capacidad intelectual
suele estar dentro de un rango promedio, (la que sin embargo puede
disminuir a medida que avanza en tanto no reciba estimulación intelectual oportuna
ni se le trate la inquietud motora).
En este sentido pueden presentar marcada desmotivación escolar,
aduciendo generalmente a un estado de aburrimiento permanente que le
provocan las actividades pedagógicas. No han desarrollado hábitos de
estudios ni estrategias de trabajo adecuadas. Capacidad de atención, de
memoria de trabajo, motricidad fina y funciones básicas deficitarias.
Ritmo de trabajo alterado (generalmente muy rápidos y ansiosos por
terminar luego). No esperan ni siguen las instrucciones.
- Breve
tiempo para el trabajo (que no supera generalmente los 20 minutos).
- Ansiedad especialmente si deben mantenerse quieto/a.
- Baja
disposición a la autocrítica, tendiendo a culpar a terceros por las
conductas impulsivas o agresivas
- Bajo
reconocimiento de las figuras de autoridad en los distintos ámbitos en
que se desenvuelve (padres, profesores u otros
adultos).
-
Tendencia a la teatralidad, especialmente si se les niega algo que
desean.
Esta
dificultad, que es adyacente al
Déficit Atencional, es tratada medicamentosamente para controlar la conducta inquieta.
La experiencia
profesional al respecto, da cuenta que detrás de esta inquietud motora generalmente hay
familias donde los padres, o uno de ellos, no ha podido implementar un
sistema disciplinario o de organización en relación a normas y reglas consistente y consecuente, accediendo rápidamente
a las demandas del hijo/a desde su primera infancia (ya sea por la
intolerancia que les provoca el llanto del o la menor, por temor a que
éste los deje de querer, por no repetir experiencias infantiles dolorosas, por sentirse con depresión, etc.). Es habitual también
la suspensión de los castigos (que uno de los padres
desautorice al otro, o que negocie privadamente con el hijo/a, o
bien advierten sobre un castigo que al final no realizan), que se incumplan las
promesas (cuando refuerzan positivamente prometiendo alguna recompensa
si se "portan bien" y luego no cumplen) que relativicen las conductas
disruptivas (muchas veces la conducta inquieta de un niño o una niña no es
considerada como tal en el grupo familiar, las encuentran en algunos
casos divertida o motivo de orgullo en otros casos "mi hijo molesta en la
escuela, yo era igual, yo era así de terrible, ya se le va a pasar").
Un
antecedente relevante que suele observarse en la evaluación clínica, y
que los padres suelen no relacionar, es
cuando la madre presenta un cuadro depresivo (sueño excesivo, desánimo
permanente, llanto repentino, intentos de suicidio o ideas suicidas, etc.). Este
factor incide en la medida que la madre al tener profundos conflictos
emocionales no puede vincularse adecuadamente con su hijo/a, pasando por
alto los aspectos básicos del cuidado de éste (muchas veces se olvidan de
preparar la comida, de la hora de salida de la escuela, de vestirlos o
bañarlos, etc.), del mismo modo, y de ahí la relación que se hace entre
una madre depresiva y la hiperactividad, no logran captar cuando
su hijo/a está siendo excesivamente inquieto, porque no logra percibir
adecuadamente la conducta de éste. Un ejemplo ilustrativo es cuando su
hijo/a la llama una y otra vez y ella no acude, frente a eso el niño
empieza a moverse y moverse y la madre tampoco lo percibe, generando en
éste finalmente la necesidad de moverse hiperactivamente para ser visto
por su madre, o de gritar para ser escuchado. Considerar que esto no
tiene que ver con que no ame a su hijo/a, si no que al estar con
trastorno del ánimo severo no pueden realizar las actividades cotidianas
de la vida, que en la maternidad implica los cuidados o atenciones básicas hacia
sus hijos. Especial relevancia adquiere esta situación cuando la madre
ha realizado intentos de suicidio, generando en los hijos/as permanente
preocupación por ella, expresando tales preocupaciones en inquietud y dificultades para adaptarse al sistema escolar...
"cuando mi madre no me mira o está triste siento pena".
Otras definiciones aquí
Psic. Tapia
Cuevas, M. Angélica;
Psic. Pizarro Palacios, Ana. Santiago, Chile,
2009
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Déficit Atencional
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