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    Existen algunos elementos objetivos para hablar de un conflicto de pareja: violencia física, psicológica o verbal, infidelidad, celos, trastornos en la vida sexual, ausencia de comunicación, etc. Sin embargo, la vivencia de cada uno es siempre particular, y muchas veces un integrante de la pareja percibe de manera muy distinta la relación que el otro.

    En este sentido, se puede hablar de conflicto de pareja cuando una persona siente insatisfacción, frustración o sufrimiento respecto al vínculo con un otro, con quien se ha establecido una relación amorosa y/o sexual.

    Los conflictos de pareja pueden generar angustia, depresión, irritabilidad, trastornos del sueño, del apetito, etc. e interferir de manera significativa la vida laboral y familiar, deteriorar la autoestima y la confianza en si mismo.

    En este contexto los conflictos de pareja se abordan desde tres ámbitos: Violencia, Infidelidad, Celos


    Violencia en la pareja:

    La violencia puede presentarse de distintas formas, la más grave y evidente es la violencia física, pero para llegar a ella normalmente ha habido una historia de maltrato verbal y psicológico previo.

    La violencia psicológica es difícil de identificar porque se hace parte del trato cotidiano, a través de comentarios, descalificaciones, críticas, o a través de gestos, actitudes o conductas que van haciendo que la persona que los recibe comience a perder la confianza en sí misma, disminuya su autoestima, y se identifique con aquello negativo que el otro dice de ella.

    La violencia física frecuentemente se presenta de manera cíclica, intercalándose con momentos de arrepentimiento y de cariño.

    Por lo general, se oculta o se disimula frente a las amistades o familiares cercanos y se puede mantener por largo tiempo hasta ser reconocido y asumido como un problema.

    Muchas de las personas que viven una situación de violencia repiten este tipo de relaciones con distintas parejas, incluso llega a formar parte de la dinámica transgeneracional, es decir, los padres establecieron una relación de violencia entre ellos o bien ellos mismos fueron niños maltratados.

    La violencia es un tema muy complejo que requiere de tratamiento no sólo para poner fin a la situación, sino también para comprender las variables particulares que hacen que una persona se ubique dentro de una relación o dentro de una historia de relaciones violentas, ya sea en el lugar de maltratador o maltratado.

    Celos

    Los celos forman parte de las reacciones normales de todo ser humano que se enfrenta a la posibilidad de que un tercero se interponga en la relación.

    Los celos implican un sufrimiento para quien los experimenta y también para quien es celado, pudiendo llegar a provocar un malestar psicológico intenso y ser un núcleo central en los conflictos de pareja.

    El cómo se vivencian los celos, su intensidad, su certeza, así como su expresión y sus efectos hacen la diferencia entre los celos normales y patológicos.

    Los celos se pueden volver un problema cuando aparecen:
    - Pensamientos diarios y recurrentes de que la pareja está engañándolo/a.
    - Sensación de desconfianza y de amenaza permanente que otra persona nos arrebatará al ser amado.
    - Angustia de querer saber dónde está el otro, qué está haciendo y con quién.
    - Se ejerce vigilancia y control excesivo sobre el otro.
    - Intolerancia a que la pareja comparta con personas del sexo contrario (amistades, compañeros de trabajo, etc.).
    - La vida propia pasa a un segundo plano en función del otro.
    - Los celos impiden disfrutar de un momento agradable en pareja y/ o con otros (una fiesta, salir a un mall, etc.).
    - Interfieren significativamente la vida en pareja, siendo el centro de las discusiones.
    - Algunas personas si bien reconocen sus celos como excesivos no logran manejarlos.
    - Reacciones violentas asociadas a ellos.

    Para quien es objeto de los celos de la pareja la situación puede volverse difícil de manejar y tolerar, ya que muchas veces implica una pérdida significativa de independencia y autonomía, y un menoscabo en la realización de actividades cotidianas y normales. Por lo general la pareja va limitándole la vida social, laboral, las amistades más cercanas o incluso la relación con la familia de origen.
     

    Cuando los celos se presentan sin que haya un motivo actual o pasado, o existan antecedentes reales y objetivos que permitan sostener dichas dudas, éstos pueden volverse irracionales e incluso llegar a ser delirantes: detalles ínfimos se convierten en pruebas contundentes de infidelidad, constituyéndose un cuadro patológico severo.


    Infidelidad:

    Una situación de infidelidad pone de manifiesto un conflicto de pareja que puede dar lugar a una crisis transitoria o al término de la relación. De una u otra manera es vivida con dolor y confronta a cada uno de los involucrados con problemáticas particulares y diversas.

    El engañado:

    Para quien vive la traición, la sospecha, y más aun la certeza del engaño, éste puede significar un dolor muy profundo y duradero, que deteriora gravemente la confianza en el otro, generando muchas veces rabia, tristeza, deseos de venganza, etc.

    Implica un momento de crisis con la pareja y también una crisis interna, ya que el engaño confronta a la persona que lo vive con preguntas que van desde ¿por qué, por qué a mi, por qué lo hizo?, ¿quién es y cómo es el otro/a?, a realizar comparaciones, a sentirse menoscabada en su autoestima. Así mismo se cuestiona el amor del otro y la solidez de la relación.

    Que el engaño desencadene una crisis pasajera o una ruptura depende de muchos factores, entre de ellos está la capacidad de auto cuestionarse y de mirar críticamente el propio lugar que tenemos para y con el otro, de preguntarse qué es lo que hace que el otro busque fuera lo que pudiera encontrar dentro de la relación, y cuánto se está dispuesto a perdonar y a cambiar.

    A veces es posible observar un efecto positivo, la persona vuelve a mirarse al espejo, a preocuparse de su imagen, a centrarse más en el rol de pareja, se atreve a explorar más su sexualidad y sensualidad en el intento de reconquistar a la pareja.
     

    Otras veces el efecto va más bien del lado de la venganza, a través de la búsqueda de relaciones paralelas, ya sea como compensación o como una manera de generar celos, etc.

    No es extraño que una infidelidad se presente durante el periodo de gestación o post –parto en una pareja, momento en que la mujer está centrada en el rol de madre y el hombre se siente de una u otra manera excluido.

    Así mismo es posible que se presente una situación de este tipo a partir de la pobreza o ausencia de vida sexual, de la rutina, el cansancio o desgaste de la vida cotidiana y de la magnitud e importancia que toma el rol parental por sobre el de la vida de pareja.

    De todas maneras pareciera ser que una de las mayores dificultades es perdonar y superar el engaño. Es común que la persona que fue engañada, insista en hablar del tercero, en colocarlo entre medio, recordándole a la pareja permanentemente el engaño, no sólo en momentos de conflicto sino incluso durante la intimidad.

    Los pensamientos en torno a esta otra mujer u otro hombre, así como la traición vivida, los celos y la desconfianza que se generan, constituyen un monto significativo de sufrimiento, que interfiere muchas veces la vida sexual y es un núcleo central de las discusiones y conflictos.

    Cuando la situación de infidelidad desemboca en una ruptura, aparece el proceso de duelo consecuente, siendo necesario superar no solo la separación y pérdida, sino también los temores que se generan para retomar la vida afectiva e intentar formar una nueva pareja.

    El infiel

    Las razones para ser infiel pueden ser variadas.

    Para algunos constituye una manera de ser, un estilo de vida sostenido en conceptos valóricos particulares sobre lo que significa la lealtad, la familia y la pareja.

    Para muchos hombres la infidelidad constituye una prueba de hombría, y/o se sostiene en la clásica separación entre el amor y el sexo, entre la mujer que han elegido como la madre de sus hijos y esposa o pareja, y las otras, las que provocan el deseo sexual, las que ocupan el lugar de la amante, con quien se puede gozar y vivir aspectos prohibidos en una relación oficial.

    Bajo esta misma lógica mantienen la infidelidad en el lugar de una aventura, sabiendo de antemano que no hay elección posible, ya que la relación oficial ya sea la pareja o esposa no está en cuestión. La relación paralela puede ser ocasional y pasajera, formando parte de una serie de amantes durante la vida, o bien presentarse como una relación duradera pero circunscrita al rol de amante.

    No piensan ni desean terminar la relación oficial, la vida paralela les resulta cómoda hasta que la infidelidad es descubierta, o bien se ven en la obligación de confesarla. La estabilidad en la que vivían se desmorona y puede aparecer angustia y arrepentimiento ante la posibilidad de la pérdida, más aún si ésta se concreta.

    Para otros en cambio la infidelidad da cuenta claramente de un grado de insatisfacción de la vida en pareja y de un conflicto subyacente que muchas veces no se quiere asumir. Se busca en el amante lo que falta, ya sea a nivel afectivo o sexual.

    Esta situación puede generar sentimientos encontrados: emoción, adrenalina, placer ante lo prohibido a la vez que angustia, culpa, etc.

    Una relación que parte como una aventura puede tomar ribetes insospechados, se involucran sentimientos, se interfiere aún más la relación de pareja oficial, y se llega a un punto en que no se puede escapar de la necesidad de elegir entre la pareja y el o la amante.

    El confrontarse ante la necesidad de tomar una decisión o bien el hecho de ser descubierto, o incluso colaborar indirectamente para que la pareja se entere de la infidelidad, plantea una serie de dificultades.

    Implica poner en una balanza no sólo los sentimientos, sino también los proyectos comunes, la historia vivida, replantearse lo que se desea y con quién. Por lo general es un momento de gran desgaste emocional y psíquico, que puede dar pie a una ruptura, o bien a reformular y afianzar la relación de pareja.

    El amante

    El lugar del amante, ser el tercero de la relación, no tiene nada de fácil. Implica situarse en una posición de espera, en una promesa que rara vez se cumple o en ilusiones autogeneradas.

    Puede ser un lugar de sufrimiento en la medida que el deseo por la pareja está sostenido en una situación imposible, ya la pareja-amante ya está comprometido con otra persona... el lugar a ocupar es secundario.

    Implica mantenerse a nivel del secreto, de lo prohibido, de lo oculto o clandestino. Si bien en un primer momento esto puede parecer incluso emocionante, con el tiempo cobra peso, apareciendo sentimientos de vacío, soledad, y depresión, ya que la relación de pareja es parcial, y muchas veces circunscrita sólo al ámbito sexual. Esta situación puede hacerse más difícil sobretodo para quienes asumen la relación con compromiso y exclusividad.

    No resulta raro que algunas personas se involucren frecuentemente en relaciones triangulares, a veces concientemente, otras veces enterándose a posteriori cuando el vínculo ya se ha establecido.

    Así como para la persona engañada, para quien ocupa el lugar de amante también pueden aparecer preguntas sobre aquel que se constituye en su “rival”, además de celos, envidia y rabia.

    El punto quizás más complejo radica en las expectativas que se hacen frente a la posibilidad de pasar de una relación clandestina a una relación oficial, la expectativa de que el otro elija por uno/a. Situación que puede generar dolor, angustia y frustración, sobretodo cuando esto no se concreta.

    Algunas personas viven la relación desde la aceptación de este lugar tercero, otras colocan en jaque a la pareja, otras se encargan de que el rival se entere del engaño, cada uno puede asumir la situación desde posiciones distintas.

    El desenlace de la relación puede llevar a la necesidad de un proceso de duelo, cuando el elegido no es uno/a, o bien al desafío de comenzar una relación desde un lugar distinto que el de ser amantes con todo lo que ello puede implicar. O Incluso enfrentarse a la pregunta de si es posible vivir en el lugar del tercero, cuando una relación de este tipo se prolonga en el tiempo.
    Otras definiciones aquí

    Psic. Pizarro Palacios, Ana; Psic. Tapia Cuevas, M. Angélica. Santiago, Chile, 2009

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