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Art.
1 “Sobre Píldoras y Pildoritas”
Junio
de 2009
Psic.
Ximena Arrau Herud
La polémica en relación a la Píldora del Día
Después hace recordar aquellos tiempos del Plebiscito del
SI y el NO, en que no era posible encontrar espacio para
matices y alternativas de pensamiento, lo que obligaba a
quedar atrapado en opiniones extremas y absolutas.
Por un lado, llama la atención los discursos acerca
de “La Vida”, de quienes se oponen a la Píldora del Día
Después, ya que tienen un cierto parecido con las “campañas
de terror” de aquella época: cuando se plantea que con
esta pastilla se está matando a alguien, se produce cierto
espanto y alerta en la población, que establece una
encrucijada entre dos bandos donde no existen alternativas
de reflexión, ya que se da a entender que quienes están de
acuerdo con su uso, están en contra de la vida.
Esta
postura es contradictoria, además, con otras situaciones en
las que efectivamente se pone en juego la vida y, al
parecer, no suenan tan alarmantes. Al contrario, existe un
cierto orgullo cuando los hombres de la patria dan su vida
en la guerra, o cuando se mata a algún animal en la caza o
la pesca. O al
defender la modernidad y el progreso, sin considerar las
muertes que se producen por la contaminación del aire, del
mar, por la explotación de la naturaleza, por el daño físico
de ciertos trabajos y por la calidad de vida que llevamos en
la actualidad.
¿Acaso estos ejemplos no son un atentado a la vida
que, además, implican un sufrimiento de gente ya formada,
de carne y hueso, nombre y palabra, que se daña? Y no se
trata solamente de células incógnitas, que aún no está
claro si se formarán.
Por otro lado, se ha llegado a una reivindicación de
la Píldora del Día Después, donde se la asocia al gesto
de tomar las propias decisiones y ser responsables de los
propios actos. Sin embargo, no se considera que esta
pastilla es solo una solución inmediata, “parche”, que
ayuda a evitar la gran cantidad de abortos ilegales y
escondidos que realizan muchas mujeres, pero no resuelve el
tema de fondo, que es prevenir un embarazo. En este sentido,
no se están creando seres responsables que deciden cómo
manejar su vida, sino, solo se están resolviendo hechos
consumados que hay que sobrellevar de la mejor manera
posible.
Algunos criterios utilizados para definir las políticas
públicas se relacionan con la intervención frente a
situaciones masivas en las cuales se opta por lo “menos
malo”. Así, tomarse un medicamento al día siguiente es
“menos malo” que sufrir la angustia de realizar un
aborto en esas condiciones. Pero, ¿Por qué hay que llegar
a este sufrimiento?
Esta situación remite a otros temas de actualidad de
nuestro país, en los cuales no queda claro si existe una
planificación en función de un marco conceptual más
amplio, que permita realizar intervenciones coherentes y con
efectos a largo plazo.
Por ejemplo, cuando las personas solicitan remedios y
licencias psiquiátricas, sin que exista un trabajo integral
para conocer el origen de una dolencia psíquica. ¿Se
arregla el problema solo con una pastilla? ¿Sirven unos días
de “descanso” para recuperarse o existen temas de fondo,
individuales y sociales, que hay que solucionar? Algo
similar sucede con el maletín literario: ¿Los niños van a
leer más porque les regalan libros, o sería necesaria una
campaña previa de “encantamiento” por la lectura, donde
la adquisición de libros es un efecto de esta intervención?
Así sucede, también, con la invasión de edificios y
constructoras que han aparecido en nuestros barrios. ¿Alguien
preguntó a los ciudadanos cómo querían hacer sus
ciudades? ¿Existe una planificación que refleje las
motivaciones, objetivos o, por último, un cálculo de los
efectos y consecuencias que esto tiene para la convivencia?
¿Quién decide? El Transantiago es la evidencia extrema de
esta situación.
Más allá de cómo funcione el servicio público
para enfrentar el tema de la Píldora del Día Después, me
pregunto si el hecho de entregar un medicamento a cualquier
niña que asista a un consultorio porque tuvo relaciones
sexuales el día anterior, está necesariamente vinculado a
un contexto de “educación preventiva” ¿Conoce, esta niña,
el uso de los anticonceptivos? ¿Conoce el funcionamiento de
su cuerpo, su ovulación? ¿Tiene claridad
de sus emociones y del motivo que la llevó a tener
relaciones sexuales con esa persona? Son muchas las
preguntas que se pueden hacer a una adolescente (y también
a una adulta) y muchas las preguntas médicas que nos
podemos hacer. ¿Cuáles son las consecuencias físicas de
estar ingiriendo altas dosis hormonales, sin un control e
información de lo que consumimos? En este sentido, entregar
la pastilla en forma aleatoria, fuera de un contexto de
prevención y educación, podría tener consecuencias
negativas para la salud o producir actitudes irresponsables
e inmediatas que no incluyen el auto-cuidado: “total, mañana
me tomo la pastillita”.
En este contexto de investigación y prevención, es
importante plantearse algunas preguntas relacionadas con el
lugar que tiene la mujer actualmente en la sociedad y con el
tema de la sexualidad.
El hecho de que la mujer trabaje y busque una
realización personal que va más allá de los hijos, el
alto costo económico de la vida cotidiana, las exigencias
laborales, la pregunta por el sentido y otros temas,
producen cambios en la forma de hacer familia, dentro de los
cuales existe la necesidad de elegir cuántos hijos tener.
Esta elección, implica un sentido de responsabilidad y de
conciencia acerca de lo que significa. Además, en la
actualidad existe mayor propiedad del cuerpo y, por lo
tanto, más conexión con la sexualidad, lo que se exacerba
con la información de los medios de comunicación, que
transmiten una idealización estereotipada del “goce
sexual”.
Todos estos cambios producen un nuevo tipo de sujeto,
que se mueve en un mundo distinto y que tiene características
particulares. Si bien es importante considerar estas
transformaciones, también es necesario conocer la intimidad
y las vivencias emocionales de estas personas para enfrentar
este nuevo mundo: ¿Cómo viven la relación con los demás?
¿Cómo viven su sexualidad? ¿Sienten miedo? ¿Sienten
presión grupal? No son preguntas que se solucionen con una
pastilla.
Dentro de estas preguntas, es importante tener en
cuenta en los Programas de Prevención del Embarazo
Adolescente, los motivos por los cuales una joven queda
embarazada, pues existen ciertas recurrencias en las
historias personales y familiares de estas jóvenes,
vinculadas al crecimiento, a la incertidumbre, a la falta de
sentido, al lugar que ocupan para los padres, que harían
pensar que los embarazos podrían estar relacionados, también,
con algo que va más allá de un mero descuido o falta de
información. Así mismo, es necesario considerar los
motivos por los cuales se producen perdidas espontáneas en
personas que dicen querer tener un hijo. ¿Son realmente
“espontáneas”?. Esto nos remite, también, al tema de
la infertilidad.
El hecho de que los padres elijan, y quieran, traer
un hijo al mundo tiene gran importancia para la configuración
psíquica de una persona, lo que justifica la Pastilla del Día
Después y todo tipo de planificación al respecto. Lo que
se intenta transmitir con estas preguntas es que el tema del
embarazo es de gran complejidad, ya que involucra incluso
aspectos inconscientes y no puede ser reducido a un
Plebiscito del Si y el No. Implica, además, poder planificar el mundo que queremos y
tener visiones a largo plazo que van más allá de nuestra
reducida individualidad.
Vivir en Democracia significa que existen mayores
cuestionamientos, matices y profundidades, importantes de
ser escuchados para entender realmente que sucede con
nuestros ciudadanos. Curioso que después de tantos años se
siga instalando un Plebiscito, con “campaña del terror”
incluida, para enfrentar un tema en el que existen tantas
variables existenciales en juego, que están en el tablero
de la contingencia del país y del mundo entero.
Ximena
Arrau Herud
Psicóloga
Clínica
09-8647475
www.psiconocimiento.cl
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