La conducta agresiva
en un niño/a o adolescente generalmente es la manifestación de un
conflicto emocional que no ha sido atendido oportunamente. El conflicto
emocional remite muchas veces a experiencias o situaciones familiares en
tensión o en crisis (divorcio o separación de los padres mal procesado,
violencia intrafamiliar, discusiones constantes en el grupo familiar,
actitudes que marcan preferencia por otro hijo en uno de los padres, dificultad
para establecer disciplina, confusión de roles, etc.).
En estos casos los niños/as, al no poder
expresarse verbalmente o no contar con un espacio de contención, generan
conductas violentas, que aunque se piense desde el sentido común son
para llamar la atención, tienen más relación con la frustración y los
sentimientos pesimistas y de rabia por no poder cambiar o mejorar su
situación familiar o al no comprender qué sucede ni poder hablar abierta
ni claramente sobre los propios sentimientos.
La conducta agresiva
es asociada generalmente a la dificultad para controlar adecuadamente
los impulsos, es decir, el niño o la niña en su desarrollo desde la
primera infancia no ha asimilado la capacidad de autocontrol sobre las
propias acciones, en tal sentido tiende a resolver irreflexiva y
disruptivamente las dificultades, frustraciones o situaciones que va
viviendo.
Por otro lado, se aprecia
estado de ánimo ofuscado, expresando generalmente rabia, arranques de
ira, discutiendo con
frecuencia, intolerante a las bromas, insultos hacia
los padres o hermanos, en los más pequeños se puede observar pataletas
desproporcionadas y llanto incontrolable. En la escuela hay quejas
continuas de la conducta por parte de los profesores, que suele ser
oposicionista, irreverente hacia ellos y agresiva con los compañeros.
Otro rasgo es la
capacidad de empatía poco desarrollada, presentando dificultad para
ponerse en el lugar del otro, factor que explica la facilidad con que
puede agreder a terceros, pues no concientiza el dolor ajeno. En general
no desarrollan adecuadamente la culpa, y suelen responsabilizar a los
demás en la mayoría de las
situaciones por sus actitudes o reacciones, en este sentido, no
desarrollan del todo la autocrítica, reproduciendo permanentemente las
conductas disruptivas.
En algunos casos se
aprecia la hiperactividad como concomitante, particularmente si en la
familia hay dificultades para establecer límites conductuales.
Por último, van
desarrollando sentimientos poco optimistas en relación a sí mismos/as,
asumiendo anticipadamente el rechazo social, generándose una cadena de
consecuencias negativas en la autoestima, las relaciones sociales y
en la confianza en terceros como en sí mismo/a,
aumentando la frustración y la desesperanza en general.
Pese a las dificultades
generales que pueda presentar el niño/a o adolescente con conducta
agresiva el pronóstico es
positivo en la medida que se le de apoyo oportuno. Hay que
considerar que estos niños o niñas responden satisfactoriamente cuando
los adultos se vinculan con ellos desde lo afectivo,
basando la relación en la confianza de que la situación puede cambiar y en la medida que
se les permita hablar y expresar sus sentimientos o pensamientos. Otras definiciones aquí
Psic. Tapia
Cuevas, M. Angélica;
Psic. Pizarro Palacios, Ana.
Santiago, Chile, 2009
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